las últimas

primera plana

nacionales

finanzas

opinión

deportes

provincias

comunidad

visión mundial

estilo de vida

sociales



ediciones anteriores

buscador de noticias

clasificados
epasa


titulares por
email


foros de opinión

libro de visitas

cartas al director

cartelera de cine

CRITICA en línea

EPASA en línea

Viernes 4 de octubre de 2002


 
  ANTERIOR
Salarios en el Canal rigen desde la pasada administración

SIGUIENTE
Incautan 93 kilos de cocaína en la operación "Che Viejo"



 


El sufrimiento que deja el uso de los agroquímicos

  [versión para imprimir]
  [enviar por e-mail]

 AMPLIAR 

Oscar Ruiz Pinzón es uno de los más crudos ejemplos de la realidad que viven las personas expuestas a estas sustancias. Sufre de faringitis crónica, aunado a la esterilidad que le causaron los químicos.

.....................................
M. Rosario y L. Machuca
El Panamá América

Manchas en la piel, laringitis crónica, esterilidad, son algunos de los padecimientos de las personas que en busca del sustento para sus familias, decidieron laborar en las compañías bananeras ubicadas en Bocas del Toro y Chiriquí, sin sospechar que sus vidas darían un dramático giro.

Son muchos los testimonios de afectados por la utilización de agroquímicos, sustancias que han dejado terribles secuelas en la población laboriosa, al punto que algunos moradores aseguran que son la causa de los casos de ceguera y niños con retraso mental.

Hace más de seis meses, José Luis Rodríguez, un joven de 22 años, falleció producto de una fibrosis pulmonar. El médico que lo atendió manifestó que su padecimiento se debió a los químicos de las bananeras, ya que él nació en Finca Lechosa, muy cerca de las plantaciones en la provincia de Chiriquí.

Marta Gutiérrez, madre de Rodríguez, contó que por más de 24 años su familia vivió en las bananeras, pero su hijo nunca trabajó en este lugar, sin embargo, los efectos letales de estas sustancias no le perdonaron.

Explicó que su hijo estuvo enfermo por más de dos años desde que se le detectó la enfermedad, ya que al parecer tenía los pulmones obstruidos y duros, lo que imposibilitaba inhalar y exhalar.

El caso de su hijo, según Gutiérrez, demuestra que también los familiares de los obreros están siendo afectados por los plaguicidas.

CASOS ACTUALES
Oscar Ruiz Pinzón, quien laborara con la Chiriquí Land Company por 33 años, es uno de los más crudos ejemplos de la realidad que viven las personas expuestas a estas sustancias.

Visiblemente afectado por las enfermedades, sostuvo que sufre de faringitis crónica, aunado a la esterilidad que le causaron los químicos.

Sostuvo que para poder trabajar tiene que inyectarse cada determinado tiempo, porque esta enfermedad le provoca resequedad y ardor en la garganta, picazón en todo el cuerpo y ardor en los ojos.

Otro caso es el de Silvestre Rodríguez, de 57 años, quien laboró por más de 22 años dando las indicaciones a los pilotos de las avionetas que rociaban los agroquímicos sobre las plantaciones.

Dijo que en su caso la enfermedad se inició con un fuerte escozor en todo su cuerpo, ampollas y posteriormente se le fue cayendo el cabello paulatinamente.

"Me picaba mucho la parte posterior del cuello y entonces se me peló la piel", dijo.

Destacó que en aquella ocasión fue hospitalizado en el Hospital Dionisio Arrocha de Puerto Armuelles, pero nunca se le dio respuesta por parte de la empresa.

La enfermedad terminó con su fuerza laboral, ya que en estos momentos no puede desempeñar ningún tipo de trabajo y en dos ocasiones las uñas se le han desprendido.

Sus pies se encuentran completamente agrietados y hasta su visión se ha afectado considerablemente.

En tanto, Teodoro Gómez Sánchez, de 58 años y con 18 años de servicio en la empresa, explicó que desde 1995 su piel ha presentado una serie de manchas que con el transcurrir del tiempo han ido creciendo.

"La picazón es continua, al punto que en algunas ocasiones casi ni duermo, pero aún sigo laborando porque tengo que mantener a mi familia", dijo el humilde trabajador, residente en Finca Jagua.

Aclaró que ya perdió la cuenta de las visitas que ha hecho al médico, pero el dermatólogo le indicó que es posible que el problema no tenga cura, porque es un mal crónico.

Con sencillez manifestó que espera que la compañía tome conciencia y les pague las indemnizaciones correspondientes a los afectados.

Expresó que actualmente es cortador de fruta, pero antes se dedicaba a regar químicos con bomba de espalda, donde se utiliza con frecuencia sustancias llamadas Barbo 500 y el Bravo 700, con el fin de eliminar la plaga conocida como Sigatoka.

Por su parte, algunos residentes de los caseríos próximos a las bananeras, indicaron que la avioneta al pasar por el área del caserío, muchas veces con la compuerta abierta, deja sustancias en el aire que caen sobre las personas que se encuentran fuera de sus casas.

Dijeron que el problema es mayor, ya que la compañía nunca anuncia el día en que se realizarán los trabajos de fumigación, por lo que muchas personas se ven sorprendidas por la lluvia de químicos.

ESTUDIOS Y ESTADÍSTICAS
El especialista y dermatólogo, Homero Penagos, explicó a El Panamá América que el problema de los químicos en la zona bananera del distrito de Barú y Bocas del Toro ha sido materia de estudios desde 1986 por parte de la Caja de Seguro Social (CSS), en cuanto a la dermatosis por plaguicidas, es decir, enfermedades de la piel asociadas a químicos.

Penagos explicó que desde el punto de vista de la dermatología ocupacional, se han realizado dos o tres estudios en seis años en Bocas del Toro, posteriormente en Puerto Armuelles y por último en las fincas bananeras en Divalá.

Aclaró que se han estudiado a más de 2 mil trabajadores, tanto en el Hospital de Changuinola como en el Dionisio Arrocha de Puerto Armuelles, además de los 200 expedientes que posee en sus archivos personales de los trabajadores de Divalá.

Consideró que la CSS necesita hacer estudios para determinar la veracidad de que los plaguicidas estén asociados a cáncer infantil y malformaciones congénitas.

Precisó que se debe confirmar si las sustancias causan daños en los bebés que nacen muertos o si causan leucemia en adultos, ya que en Panamá no se han realizado estos estudios.

Mencionó que la esterilidad está asociada a un producto denominado Flumazone o Drimocloropropano y que los casos no se han dado sólo en Panamá, sino en todo Centroamérica, incluyendo la fábrica del producto en Estados Unidos.

Penagos enfatizó que hay pacientes estériles y es necesario un protocolo de estudios, donde se tomen muestras de espermas y biopsias testiculares para demostrar si existen trabajadores afectados o no.

En Bocas del Toro la situación no es muy diferente. En 1993, un total de 28 personas, todas varones, fueron objeto de exámenes de laboratorio, quienes resultaron afectados por azoospermia total o ausencia total de espermatozoides en 25 de los casos, mientras que los restantes presentaron oligoazoospermia o presencia ocasional de espermatozoides.

Todos los pacientes de una u otra forma tuvieron contacto con algún producto químico utilizado en la actividad bananera de la región, que se desarrolla desde 1890.

Actualmente, existen pacientes en las fincas 30, 60, 15, Luzón y otras, en los que se puede observar claramente desprendimiento de piel.

Varias personas de estos lugares, marcados por las enfermedades, prefirieron no dejarse fotografiar, pues desconfían de la efectividad de sus denuncias, ya que según ellos hace siete años se les dijo que iban a ser indemnizados, sin embargo, quienes recibieron jugosas sumas de dinero fueron sus abogados.

En el libro "El Legado", escrito entre los años 1993 y 1995, se presentan los casos de gran cantidad de trabajadores afectados por el uso de agroquímicos, cuyos efectos han sido devastadores y aunque no se comparan a la actual realidad, el problema persiste, según sindicalistas y médicos consultados.

MEDIDAS
Penagos subrayó que la situación actual de las bananeras en Barú es seria, por lo que se ha recomendado desde hace tiempo suspender el riego de fungicidas por vía aérea, porque no hay un control estricto sobre los químicos y por lo tanto no se puede determinar el grado de afectación en el ser humano como en el ambiente.

"Los plaguicidas en la piel causan muchos problemas, como quemaduras, dermatitis alérgica, dermatitis de contacto, acné, daños en las uñas, sin embargo, quiero llamar la atención de que todo lo que pasa en las fincas bananeras con respecto a la piel de las personas no está relacionado con estas sustancias", dijo.

Recalcó que existen estudios dermatológicos que demuestran que estos productos son peligrosos y que no es posible confiarse del manejo seguro del que hablan las compañías de venta, por lo que debe regularse el riego aéreo y si es posible que desaparezca esta práctica.

Por su parte, Juan Jované, director nacional de la Caja de Seguro Social (CSS), indicó que es conveniente para el país tener una legislación estricta frente a la contaminación ambiental y los tóxicos que estén destruyendo directamente la vida humana, en la que se están dando abusos de agroquímicos.

Sostuvo que el drama radica en que se aprueban leyes que aparentemente son buenas, pero no se cumplen.

Explicó que la entidad cubre la atención normal que se brinda a las personas, pero enfatizó que el que realiza la contaminación es el responsable principal.

Indicó que esta práctica está causando mucho daño a los obreros, debido a que son problemas que van más allá de lo que implica una necesidad de trabajo, donde la institución adjudica una pensión por invalidez.

Aseguró que se afecta directamente a la entidad, porque se produce una gran cantidad de problemas de invalidación.

A pesar de las evidentes lesiones y el deterioro de la salud de las personas, Penagos aclaró que toda enfermedad de piel no se le puede adjudicar a los químicos y por lo tanto para solicitar una indemnización a la empresa frutera o a los fabricantes, hay que demostrar que el veneno produjo el problema en la piel, pero tiene que ser compatible con lo que se ha publicado en el mundo y lo que sabe la ciencia.

Indicó que hay enfermedades en la piel, como la psoriasis, que es un virus que no es causado por plaguicida y si algún trabajador dice eso no es correcto.

"El problema existe, pero ha sido mal enfocado, como en las intoxicaciones agudas donde nadie recuerda cuando la gente moría en Changuinola y Puerto Armuelles afectados por órgano fosforado, donde se ha logrado bajar enormemente el índice de mortalidad con los programas de salud", precisó.

Penagos destacó que las afecciones en la piel pueden estar relacionadas con los químicos y pueden ser de color blancas, grises o chocolates. De manera que los pacientes que tienen esas manchas, es recomendable demostrarlo, de manera que no se puede divulgar un problema si no es comprobado clínicamente.

Consideró necesario que el Gobierno, funcionarios de Salud, obreros y las compañías se pongan de acuerdo para controlar la situación.

"No hacemos nada si comenzamos a gritar ¡veneno en el aire!, ¡muerte silenciosa!, porque lo que se riega no son venenos agudos pero sí causan daño", dijo


  ANTERIOR
Salarios en el Canal rigen desde la pasada administración

SIGUIENTE
Incautan 93 kilos de cocaína en la operación "Che Viejo"

  portada

todos los títulos  


 

©Copyright 1995-2007 El Panamá América-EPASA
Todos los Derechos Reservados